A propósito de un caso: Síndrome de Guillain Barré
Autor: Antonio García López
Residente de Medicina Familiar y Comunitaria
Residente de Medicina Familiar y Comunitaria
1.- Introducción
El síndrome de Guillain-Barré (SGB) es la primera causa de
parálisis aguda extensa en los países desarrollados desde la desaparición de la
poliomielitis. Su diagnóstico se basa esencialmente en la clínica. Se trata de
una patología evolutiva, por lo que una exploración neurológica minuciosa y
repetida permite confirmar el diagnóstico y valorar su posible evolución y
gravedad potencial. Las pruebas complementarias son útiles para descartar otras
patologías, especialmente la meningorradiculitis, por punción lumbar, y la
afectación medular, por resonancia magnética (RM). Un elemento esencial del
tratamiento es la identificación del paciente con riesgo de desarrollar
insuficiencia respiratoria aguda.
Otro punto importante del tratamiento es la elección
entre la plasmaféresis y la terapia con inmunoglobulinas intravenosas.
2.- Epidemiología
En los países occidentales la incidencia se
estima entre 0,81 y 1,89 casos por 100.000 habitantes por año. La enfermedad puede
acontecer a cualquier edad, pero el riesgo aumenta con el tiempo (20% cada 10
años). La proporción por sexos es desfavorable para los varones, que presentan un
riesgo relativo de 1,78.
El SGB se considera un síndrome
postinfeccioso. En la anamnesis hay un antecedente de infección digestiva
(gastroenteritis aguda), respiratoria o síndrome gripal en más del 60% de los
casos. Los principales agentes incriminados son bacterianos (Campylobacter
jejuni, Mycoplasma pneumoniae, Haemophilus influenzae), virales
(citomegalovirus [CMV], virus de Epstein-Barr [VEB] o virus de la inmunodeficiencia
humana [VIH]).
Recientemente se ha aludido a la vacunación
reciente como origen de la enfermedad. Esto se debe a la «epidemia» de SGB que
tuvo lugar en 1976 tras la campaña de vacunación contra la gripe porcina. La
campaña contra la gripe H1N1 de 2009 también se asoció a un aumento de casos de
SGB, pero mínimo (>1 caso excedente por millón de dosis). Sin embargo, el
virus de la gripe puede ser por sí mismo la causa de ciertos casos de SGB, por lo que
el balance riesgo/beneficio es difícil de establecer. El vínculo entre el SGB y
las otras vacunas nunca se ha demostrado.
3.- Fisiopatología
Se distinguen dos tipos de SGB: las formas
desmielinizantes y las formas axonales. En ambos casos, se trata de una enfermedad
inflamatoria, mediada por anticuerpos patógenos. Las lesiones son multifocales,
lo que explica la heterogeneidad de los déficits neurológicos.
- En las formas
desmielinizantes (las más frecuentes en Occidente), se constata una
fijación de anticuerpos en la vaina de mielina que da lugar a la
activación de complemento y la formación de complejos de ataque de membrana.
Se degradan las células de Schwann que constituyen la vaina de mielina, lo
que se sigue de una invasión de macrófagos. Secundariamente puede darse
una degeneración axonal.
- En las formas
axonales, los anticuerpos se fijan directamente en la membrana axonal a la
altura de los nódulos de Ranvier. La activación de complemento y la
formación de complejos de ataque de membrana entrañan directamente una
degeneración axonal sin desmielinización asociada.
El mecanismo propuesto es el de mimetismo
molecular entre los antígenos presentados por los agentes patógenos y los gangliósidos
que forman la mielina. La ausencia de
degeneración axonal explica la recuperación más rápida del déficit.
4.- Presentación clínica
El SGB es una polirradiculoneuritis aguda que
se traduce clásicamente por un déficit sensitivomotor de evolución ascendente,
bilateral y simétrico. El diagnóstico es principalmente clínico y las pruebas
complementarias se realizan para el diagnóstico diferencial.
El SGB evoluciona en tres fases: una fase de
extensión, una fase de meseta y una fase de recuperación.
- Fase de extensión: por
definición dura menos de 4 semanas. El cuadro clínico debuta frecuentemente
con síntomas sensitivos en forma de parestesias o disestesias de las
extremidades. Son bien conocidos los dolores lumbares. Se asocia un
déficit motor, bilateral y simétrico, flácido y con arreflexia. El déficit
evoluciona de forma ascendente, con predominio proximal y de gravedad
variable: riesgo de evolución hacia tetraplejía, diplejía facial y
afectación de nervios frénicos con insuficiencia respiratoria restrictiva aguda.
Puede haber formas atípicas: forma descendente, evolución superaguda en
menos de 24 horas, conservación de los reflejos osteotendinosos e incluso
hiperreflexia.
- Fase de
meseta: esta fase es de duración variable. Las
parestesias o dolores están presentes en
80% de los casos; la arreflexia es generalizada
en un 80% de pacientes, el 75% pierde la marcha
y el 30% evoluciona hacia una insuficiencia respiratoria.
- Fase de recuperación: la
recuperación motriz puede ser larga, y hasta un 20% de los pacientes no recupera la marcha a los 6
meses. Casi el 10% de los pacientes presentan
todavía síntomas residuales a los 3 años
del episodio. Se observan fluctuaciones clínicas
tras el inicio del tratamiento, con posibilidad de
reagravación. Las recaídas del SGB son excepcionales, pero pueden verse en un 2-5% de los casos. El cuadro clínico es generalmente idéntico, pero el factor desencadenante
es diferente.
Complicaciones:
Las complicaciones respiratorias, bulbares y las derivadas
del decúbito conforman los cuadros de gravedad
de la enfermedad. Deben investigarse y prevenirse a
diario:
- Insuficiencia respiratoria aguda: esta complicación es
la principal causa de mortalidad en el curso del
SGB; la instauración de ventilación
mecánica es necesaria en un 30% de los
pacientes. La instauración de insuficiencia respiratoria se hace de forma insidiosa y no se debe esperar a constatar trastornos gasométricos, que son
tardíos, para proponer soporte ventilatorio
mecánico. Los primeros signos son:
ortopnea, taquipnea, polipnea, sensación
de opresión torácica o dificultad para hablar.
La vigilancia de la función pulmonar (frecuencia espiratoria, capacidad vital [CV], presión
inspiratoria y espiratoria) debe hacerse
de manera regular. Es importante saber
que la descompensación puede ser rápida, tras
una atelectasia o una broncoaspiración.
- Afectación
bulbar: acontece en el 30% de los casos. Las principales complicaciones son
broncoaspiración con riesgo de
neumopatía, insuficiencia respiratoria y atelectasia. La exploración es difícil en la práctica, pues una
buena deglución de líquidos no garantiza la
ausencia de microaspiraciones. Es
importante resaltar que la intubación
tardía es un factor de riesgo de neumopatía precoz adquirida por ventilación mecánica, secundaria a trastornos de la deglución.
- Disautonomía: el 70% de los pacientes tiene afectación
del sistema nervioso autónomo. Esta afectación
origina trastornos del ritmo cardíaco, labilidad
tensional (hipo e hipertensión),
retención urinaria, íleo funcional,
trastornos vasomotores y síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética (SIADH). La
disautonomía puede llegar a ser grave, con
episodios de bradicardia extrema,
especialmente durante las aspiraciones.
- Dolor: presentes en casi dos tercios de los
pacientes, son a menudo un signo
prodrómico de la enfermedad. Clásicamente,
son dolores de tipo neurógeno asociado a parestesias y disestesias, que predominan en
las extremidades y en la región lumbar y que
son severos(> 8/10 en la escala numérica simple). Estos dolores correlacionan con la gravedad del
déficit motor y pueden persistir durante
varias semanas o años.
- Enfermedad tromboembólica venosa:
la inmovilización prolongada y los tratamientos con
inmunoglobulinas polivalentes aumentan el riesgo de
trombosis venosas profundas y/o de embolia pulmonar.
- Afectación
neuromuscular adquirida en reanimación (ANMAR): como todos los pacientes
en sala de reanimación, los pacientes con SGB son susceptibles de desarrollar
una ANMAR. La gravedad de las lesiones correlaciona con la disfunción
orgánica. Las ANMAR son un factor de riesgo de mortalidad y de prolongación
del retiro ventilatorio, por lo que deben investigarse a diario. En el
contexto del SGB el diagnóstico resulta difícil porque los cuadros
clínicos se parecen, con un déficit motor periférico, flácido y
arreflexia. Para ello, resulta útil el electroneuromiograma (ENMG), que
mostraría una polineuropatía axonal, o la biopsia muscular, en la que se
encontraría denervación y atrofia de fibras musculares.
- Otras
manifestaciones: el SGB puede asociarse a fatiga importante que persiste
varios meses tras la recuperación motriz. Por otra parte, un 30% de
pacientes tiene alucinaciones, ilusiones u onirismo.
5.- Pruebas complementarias
Electroneuromiograma: es la prueba que permite definir el tipo de SGB.
Aporta además elementos pronósticos sobre la
evolución de la enfermedad. En Europa, un 90%
son formas sensitivomotoras desmielinizantes. Las
otras formas son las de afectación axonal
motriz y sensitivomotriz.
Las formas desmielinizantes se caracterizan
por un alargamiento de las latencias distales, una disminución de la velocidad
de conducción, bloqueos proximales (manifestación de una desmielinización
segmentaria) y/o alargamiento de las latencias de ondas F (lo que permite la
exploración de la parte proximal del nervio).
Durante la afectación axonal, se constata una
disminución de la amplitud de los potenciales de acción en los nervios motores
o en los nervios sensitivos y motores.
Punción lumbar: muestra la clásica disociación albuminocitológica, que se traduce en hiperproteinorraquia, sin reacción celular. Se aceptan hasta 50 elementos mononucleados por milímetro cúbico; más
allá de esta cifra se debe plantear otro diagnóstico
diferencial.
Propuesta de estudio inicial:
Las pruebas recomendadas ante
una sospecha de SGB se listan a continuación: electroneuromiograma, punción
lumbar, anticuerpos antigangliósidos, serologías (VIH, Campylobacter
jejuni, Mycoplasma pneumoniae, CMV, VEB, VHB, VHC, coprocultivo con estudio de Campylobacter, porfirinas en orina, ionograma
sanguíneo, glucemia, urea/creatinina, estudio
hepático, hemograma,
estudio de coagulación, electroforesis
de proteínas plasmáticas, cuantificación
ponderal de inmunoglobulinas (IgG, IgM, IgA). Con
estas pruebas se realiza el estudio etiológico del SGB y se descartan los
principales diagnósticos diferenciales.
6.- Diagnóstico diferencial
El diagnóstico clínico del SGB generalmente
no supone ninguna dificultad. Los principales diagnósticos diferenciales para
considerar son las urgencias neuroquirúrgicas y las infecciones del SNC.
La presencia de un nivel sensitivo, anestesia
en silla de montar, trastornos esfinterianos precoces (en particular incontinencia
urinaria o fecal) o signos piramidales (hiperreflexia, signo de Babinski o de
Hoffmann) debe hacer sospechar una compresión medular o un síndrome de cola de
caballo. La RM está indicada de urgencia.
La hipertermia en la fase inicial, la
pleiocitosis en el líquido cefalorraquídeo (LCR) o un síndrome inflamatorio hacen
sospechar una meningorradiculitis. Se debe estudiar la presencia de virus
herpes (VHS, VVZ) y Borrelia en el LCR. En espera de resultados, se debe
iniciar tratamiento antiviral y antibiótico.
Tampoco existe síndrome confusional en la
fase inicial. Si lo hay, se debe considerar otro diagnóstico, como la porfiria
aguda intermitente.
La reaparición de un déficit a distancia del
tratamiento sugiere una polirradiculoneuritis crónica y se debe realizar un
nuevo ENMG.
7.- Tratamiento
El tratamiento específico del SGB se basa en la plasmaféresis
o en las inmunoglobulinas polivalentes. Sin embargo, el tratamiento debe
basarse sobre todo en la prevención y el tratamiento sintomático de las complicaciones.
Tratamiento etiológico
- Plasmaféresis:
el principio de esta terapia es reemplazar el
plasma del paciente tras la separación de
los elementos nucleados por centrifugación
o filtración. Esta técnica es eficaz en varios
aspectos: disminución de la duración de la ventilación mecánica, disminución del tiempo de recuperación
de la marcha con y sin ayuda y disminución del
tiempo de recuperación del déficit. La
eficacia a largo plazo queda demostrada
por la disminución de la mortalidad y las secuelas
al cabo de 1 año. Debe iniciarse precozmente, en los primeros 7 días tras el debut del
déficit. Las principales
contraindicaciones de la plasmaféresis son
las coagulopatías y las sepsis. Las
complicaciones son raras (< 5% de las sesiones) y frecuentemente benignas, de tipo hipotensión,
fiebre/ escalofríos o náuseas/vómitos.
- Inmunoglobulinas
polivalentes intravenosas: tienen una acción inmunomoduladora multimodal (bloqueo de
receptores Fc de las inmunoglobulinas G [IgG],
supresión de la activación linfocítica,
modulación del sistema de complemento y
neutralización de autoanticuerpos patológicos). Cuando se inician en los 15 días que siguen el
comienzo del déficit, las Ig i.v. son tan
eficaces como la plasmaféresis en
términos de mortalidad y de recuperación clínica (retiro de ventilación mecánica, recuperación de la
marcha) a corto plazo (4 semanas) y largo
plazo (1 año). La tolerabilidad es mejor y las interrupciones de tratamiento
son menos frecuentes que con la plasmaféresis.
Las dosis recomendadas son de 0,4 g por kilo y
por día durante 5 días. Las principales contraindicaciones son el déficit de
IgA y la insuficiencia renal. Se han descrito efectos secundarios menores en un
1-5% de pacientes (cefaleas, fiebre/escalofríos,
náuseas/ vómitos, hipo/hipertensión,
taquicardia, mialgias, artralgias) y
generalmente se deben a una velocidad de perfusión
demasiado rápida. Los efectos secundarios más graves que pueden observarse son: shock anafiláctico
en pacientes con déficit de IgA,
meningitis asépticas, insuficiencia renal
aguda orgánica, episodios tromboembólicos, hiponatremia/seudohiponatremia,
erupción cutánea o anemia hemolítica.
Estos dos tratamientos inmunomoduladores
permiten reducir el riesgo de ventilación mecánica y la gravedad del nadir y
acelerar la velocidad de recuperación. La elección entre una u otra depende
principalmente de las contraindicaciones y de las prácticas de cada unidad.
El tratamiento secuencial con plasmaféresis
seguida de Ig i.v. o bien Ig i.v. seguida de plasmaféresis no es más eficaz que
cada uno de los dos métodos por sí solo. Una segunda cura de Ig i.v. puede
emplearse en los pacientes más graves que no respondieron a la primera cura.
Tratamientos sintomáticos
- Insuficiencia
respiratoria aguda: el 25-30% de los pacientes
necesita ventilación mecánica por
insuficiencia respiratoria aguda o trastornos de deglución. La
ventilación no invasiva (VNI) no está indicada en este tipo de pacientes con trastornos de deglución,
disminución rápida de la capacidad vital (CV), con
agotamiento respiratorio y disautonomía.
La intubación no debe retrasarse para no
aumentar el riesgo de neumopatía
adquirida asociada a ventilación mecánica.
- Trastornos de la deglución: la
presencia de síntomas bulbares, sobre todo si hay trastornos de la deglución, impone la colocación de
una sonda nasogástrica para alimentación
enteral y administración de medicamentos. Sin
embargo, no previene las microaspiraciones y el
riesgo de neumopatía asociada.
- Dolor: el dolor neurógeno debe tratarse con analgésicos
específicos como la gabapentina
(900-3.600 mg/d) o la carbamazepina (300
mg/d). No hay que olvidar los dolores asociados a la inmovilización,
que se tratan con analgésicos clásicos (escalón
I a III) y AINEs.
- Complicaciones
tromboembólicas: se debe iniciar anticoagulación
preventiva con heparina de bajo peso molecular
(HBPM) o colocación de medias de compresión neumática intermitente hasta que el paciente vuelva a caminar o al menos 3 meses en casos de persistencia de
la inmovilización.
- Otras
complicaciones: el tratamiento de las
bradicardias es sintomático, con atropina,
isoprenalina e incluso la colocación de una sonda electrosistólica. El íleo
funcional puede tratarse con procinéticos, como la eritromicina o la neostigmina. Las sondas rectales
se emplean en los casos de estreñimiento.
La retención aguda de orina hace necesaria la
colocación de una sonda vesical. Se
mantiene hasta la recuperación de la
movilidad de los miembros inferiores.
Rehabilitación precoz
La rehabilitación
precoz e intensiva parece ser eficaz para la
recuperación motriz y la fatiga residual. La fisioterapia respiratoria, con técnicas de eliminación
de secreciones (Cough-Assist), es de
especial interés en la prevención del
acúmulo de secreciones bronquiales y de las sobreinfecciones pulmonares.
8.- Pronóstico
La mortalidad del SGB llega al 10% pese a un
tratamiento intensivo. Las principales causas de muerte son las respiratorias
(dificultad respiratoria aguda, neumonía, embolia pulmonar).
Los factores de riesgo de mortalidad son:
edad, gravedad de la enfermedad en su nadir, necesidad de recurrir a la ventilación
mecánica e hiponatremia.
El pronóstico motor global es muy bueno, pero
cerca del 30% de los pacientes mantienen secuelas a largo plazo (dolor,
síntomas bulbares, trastornos esfinterianos). A los 5 años, un 5% de los
pacientes necesitan ayuda para la marcha o son dependientes de respirador. Las
escalas clínicas (que asocian edad, presencia de diarrea y gravedad del déficit
motor) predicen la probabilidad de recuperación a los 6 meses.
Los factores de riesgo de ventilación
mecánica son: gravedad clínica, afectación bulbar, infecciones por CMV y
afectación hepática. El riesgo de secuelas aumenta en las formas motrices puras,
las formas axonales y las asociadas a infección por C. jejuni.
9.- Conclusión
El SGB es una urgencia neurológica por el riesgo de evolución
hacia una insuficiencia respiratoria aguda. La vigilancia clínica debe ser
estrecha hasta alcanzar la fase de meseta. Además de las opciones terapéuticas
específicas (plasmaféresis o Ig i.v.), el tratamiento es básicamente
sintomático, gracias al cual el pronóstico suele ser favorable.
Puntos esenciales:
- El síndrome
de Guillain-Barré es una polirradiculoneuritis aguda, que se traduce
clásicamente por un déficit sensitivomotor, ascendente, que puede originar
una tetraplejía y una insuficiencia respiratoria aguda.
- La
ventilación mecánica es necesaria en cerca de un 30% de los casos.
- El
diagnóstico es clínico. Las pruebas complementarias tienen como finalidad
descartar otros diagnósticos diferenciales.
- El
tratamiento etiológico se basa en la plasmaféresis o en las
inmunoglobulinas polivalentes.
- El
tratamiento sintomático es primordial con el fin de limitar las
complicaciones de una hospitalización prolongada en cuidados intensivos.
- El pronóstico
es bueno en la mayoría de los casos, con recuperación completa del déficit
neurológico.
10.- Bibliografía
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polyneuropathy and myopathy: a major cause of muscle weakness and paralysis. Lancet
Neurol 2011;10:931–41.
Acceso a al Evaluación.
Para convalidar la sesión es necesario contestar correctamente al menos al 70 % de las preguntas.
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